Nada, te extraño, pero te has ido y no vas a volver.
Cómo añoro esos años que hoy miro en blanco y negro. Aquellos en los
que mis cabellos andaban despreocupados, ondulados y hasta despeinados.
Épocas en las que tener trece años era haber vivido, llorado y reído
muy poco; era tener mil y un motivos para abrir los ojos cada mañana, respirar
profundo y enfrentar ese mundo tan raro.
Cómo ansío volver a sentir ese asombro al encontrarme frente a lo
desconocido, hoy no siento más que pavor cuando se presenta algo que no me es
familiar.
Ansío volver a tener esa soledad tan mía, tan fresca y tan rebelde. Ese
sentimiento de autosuficiencia torpe y hasta precipitada que hoy yace bajo mi
cobarde dependencia.
Cómo extraño esos días llenos de nada, en los que no me preocupaba el
mañana, siempre había algo nuevo por experimentar. Siempre tenía alguna regla
que desafiar.
Qué ganas de encerrarme en mi habitación y perderme en la regresión de
mis memorias, en esos días tan lejanos en los que mis ojos no estaban cansados
de equivocarse, días en los que mi corazón no era tan frío y rígido como la
piedra que hoy ocupa mi pecho.
Cuánta la vida que me rodeaba, la luz en cada detalle, la magia en cada
ser. Hoy solo hay sombras, miedos y un borroso ente que dice ser yo.
Nada, te extraño, te extraño, Sharon.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario